sexta-feira, 21 de dezembro de 2018

Charles de Foucauld, o marabout cristão

Um "marabout", segundo a tradição islâmica, é um líder religioso, um estudioso do Alcorão. No contexto berbere, significa "santo", referindo-se aos mestres sufis que dirigem uma "zawiya", associada a uma tradição específica ("tariqah"). Os marabouts se tornaram luminares da vida espiritual islâmica no norte da África. As famas de santidade atravessavam os limites dos povoados e não poucos foram os lugares de peregrinação surgidos ao redor dos seus túmulos. Com a ascensão do fundamentalismo salafista no Magreb, os marabouts se converteram em resistência tradicional ao avanço modernista.

Entretanto, e curiosamente, os cristãos também tiveram o seu marabout: o Beato Charles de Foucauld. Asceta e eremita, esse ex-militar francês, após deixar o Mosteiro Trapista onde vivia na Síria, inicia um profundo processo de reavaliação vocacional que o destinará ao deserto da Argélia. Em tão privilegiado lugar, construirá morada com os tuaregues, levando uma vida simples e pobre. Os muçulmanos logo viram o sinal irrefutável do divino neste homem entregue à oração diária e à pobreza. Foucauld passou a ser visto pela população local como um "marabout", tão santo como os místicos sufis que ali estabeleciam a sua morada.

O Irmão Carlos representa, de modo mais destacado, a espiritualidade que norteia o relacionamento islâmico-cristão. Foucauld, nascido e criado numa vida de conforto e prazer, chegou a ser afastado do exército por mau comportamento. Depois de levantada a sua punição, juntou-se ao seu regimento quando este se destinava para o Norte da África. Esta estadia mudou sua vida. As difíceis condições que experimentou no deserto purificaram seu coração e mente. A afinidade que sentia com os fiéis muçulmanos da região também o levou a uma reflexão interior. Como resultado dessas experiências, sentiu uma inquietação religiosa profunda e um conflito espiritual no seu íntimo. Finalmente, redescobriu sua fé cristã. 

Émile-Félix Gautier, geógrafo francês, que conheceu o Irmão Carlos no deserto do Saara, em seu livro “L’Algérie et la metrópole” coloca como o monge-missionário formou-se espiritualmente muito em base ao Islam. A sua conversão ao Cristianismo está conectada com a sua viagem de exploração ao Marrocos, “De Foucauld sai dali impregnado de sentimentos islâmicos”, ainda pontuando que “durante algum tempo pensou em uma conversão ao Islamismo”. Não seria nada surpreendente se o jovem francês se fizesse muçulmano. A colonização do norte da África havia colocado a "Ummah" ao centro do debate público. A ataraxia muçulmana fortalecia uma sensação nostálgica aos olhos de uma Europa já industrializada e extasiada pelo progresso.

Apesar de sua conversão ao Catolicismo, o Islamismo sempre o atraiu, como um capitão que navega ao seu porto. Já em sua entrada na vida religiosa, na Ordem Trapista, solicita a transferência para a Síria, ao mais pobre dos mosteiros, encravado em território não-cristão. O Marrocos era o destino da sua vocação, mas quis a história que fosse na Argélia que ele estabelecesse sua morada. Quem o visse, ali, numa cabana simples e pobre, não via a um monge cristão, mas a um marabout. O seu hábito de algodão se passava por uma jelaba berbere e ainda utilizava com certa frequência aquele pequeno chapéu típico de Fez. Diz a tradição que quando Mousa agg Amastan, chefe dos tuaregues de Hoggar, descobriu que Foucauld era cristão, indagou: “Como é possível, marabout? Você é cristão? Então de nada adiantará as suas austeridades no outro mundo”. De fato, o Irmão Carlos nunca se esforçou em anunciar publicamente a sua fé. Levava uma vida escondida, ao modelo de Jesus em Nazaré, que sempre almejou.  

O "Irmãozinho de Jesus" descobriu que encarnando este ocultamento de Cristo, que por trinta anos viveu esquecido, em Nazaré, dedicando-se ao trabalho e ao silênico, poderia suprir a necessidade espiritual dos povos berberes do deserto. Foucauld, na fraternidade espiritual, se propôs proclamar o Evangelho com o testemunho de uma vida consagrada. Ainda que não tenha gerado grandes conversões ou iniciado apostolados fantásticos, o eremita, na solidão, amou os muçulmanos a partir da experiência da abnegação e abandono. Ele era um marabout. 

quarta-feira, 19 de dezembro de 2018

Tamanrasset y Tibhirine: la continuidad de una misma vocación


Los Beatos Monjes de Tibhirine son los sucesores espirituales del Beato Carlos de Foucauld. Hay, entre los trapenses y el ermita, una conexión vocacional, geográfica y teológica. Tal vez, el aspecto más visible sea la inmersión de ambos en medio del contexto islámico. Tamanrasset y Médea, donde estaban el monasterio y la ermita, se ubican en territorio argelino, en extremos opuestos. Otro punto interesante es pensar que el norte de África siempre ha sido una región de gran efervescencia de la vida mística musulmana. La santificación encontrada por cristianos en medio de los marabuts sufis, es un testimonio elocuente del espíritu de oración de los bereberes, árabes y tuaregues.

Carlos de Foucauld ingresó en la Orden Trapense, tras su conversión, el 16 de enero de 1890, en la Abadía de Nuestra Señora de las Nieves, en Francia. Este monasterio había sido fundado algunas décadas antes, por monjes provenientes de la Abadía de Aiguebelle. Allí, el entonces explorador y geógrafo, pensaba encontrar la plenitud de su vocación. En su viaje a Tierra Santa, en 1888, contempla en Nazaret los fundamentos de su llamado: la simplicidad radical de una vida oculta. Carlos había descubierto que en la más banal realidad ordinaria, en su rutina aburrida, estaba la verdadera configuración al misterio del Dios encarnado, oculto en su humanidad en Nazaret.

La Orden Trapense parecía, por lo tanto, la concreción de esos anhelos. Después de su ingreso, es enviado al más pobre de los monasterios, como por él solicitado. El Monasterio de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, fundado en 1881, en el pueblo de Akbés, cerca de la ciudad de Alejandreta, actual Turquía, debido a la posibilidad de expulsión de los monjes de Francia, con el creciente anti-clericalismo institucional. En 1882, veinticinco monjes estaban establecidos. Como parte de estas nuevas fundaciones, en 1843, la Abadía de Aiguebelle ya había abierto un primer monasterio en territorio árabe, en la ciudad de Staouéli, en el norte argelino. En 1894, Mons. Luís Gonzaga Martin, entonces Prior de Akbés, fue nombrado Abad de Staouéli, que se convirtió en la Abadía madre del Monasterio del Sagrado Corazón. Argelia se convertía en el centro de la Trapa en el mundo musulmán.

Después de siete años de vida trapense, Carlos de Foucauld, en una carta enviada a la Abadía de Staouéli, comunicaba su salida de la Orden. Se inicia el período más emblemático de su vida, que será marcado por la plenitud vocacional en su ocultamiento en el desierto del Sahara argelino, junto a los tuareg. Carlos, asesinado en 1916, probablemente supo que un año antes, en 1915, el Monasterio de Akbés había sido completamente abandonado. Los monjes ya vivían bajo una constante atmósfera de amenaza por parte de los oficiales turcos. Con el Genocidio Armenio, la situación se volvió insostenible. De igual forma, en 1904, la Abadía de Staouéli, en territorio argelino, también había sido abandonada, debido a las leyes francesas que cercaban el mantenimiento de monasterios. Foucauld, antes de su asesinato, probablemente se entristecía ante la total destrucción de la vida monástica trapense en el mundo árabe-musulmán. Tanto Akbés, donde vivió por años, como Staouéli, donde habitó durante un mes de retiro, ya no existían.

En la década del 30, sin embargo, hubo un segundo esfuerzo de refundación de la Trapa en territorio argelino. Los monjes originarios de Eslovenia y Francia fueron enviados a Argel. Debido a la dificultad de cultivo en Staouéli, el nuevo monasterio, heredero de la primera Abadía, sería establecido, en 1935, en un pueblo de la ciudad de Médea, bajo las montañas del Atlas. Allí, finalmente, iba a florecer la más conocida comunidad monástica trapense de la era moderna. Staouéli ahora era Tibhirine. Esta pequeña construcción, que de tan pobre y por tan poca estructura, había dejado de ser una Abadía, volviendo al status de un Priorato dependiente de Aiguebelle, encarnó en su rutina un carisma muy similar a los anhelos de Foucauld. El Hermano Carlos, cuando llevaba su vida oculta en Nazaret, junto a las monjas clarisas, intuía que la mejor forma de presentar el Cristianismo al mundo musulmán era a través de la fundación de Trapas, "centros de luz y virtudes", como él lo dijo. En aquellos muros, los monjes, integrados a la realidad cultural, movían esa vida fraternal en total unión con los musulmanes. El Monasterio no era sólo otro lugar de oración, sino un puente de encuentro con Dios en su manifestación amorosa en este otro. Tibhirine se había transformado en Tamaransset.

Carlos de Foucauld, como un joven oficial militar liderando una misión en el desierto profundo de Marruecos, fue ayudado por un miembro de la tribu tuaregue. El mundo musulmán causó una profunda impresión en el entonces explorador. Por primera vez, Carlos conoció a un ser humano cuya vida había sido transformada por la oración, la compasión y el desierto. Este encuentro fue un divisor de aguas. Él bebió profundamente del pozo de sus propias frustraciones internas, su insatisfacción con la vida, su fracaso en encontrar el amor, su desilusión con el emprendimiento colonial francés y, sobre todo, su profunda soledad interior. El desierto lo cambió. Él se convirtió en un monje viviendo la soledad con los tuaregues, llamándolos hermanos. El lugar era Tamanrasset.

Christian de Chergé, un monje trapense cuya vida se asemeja a la de Carlos de Foucauld, pasó la mayor parte de su existencia en el Monasterio de Nuestra Señora del Atlas. En 1996, fue asesinado por la milicia islámica, el GIA (Groupe Islamiste Armé), un grupo terrorista en conflicto con el gobierno argelino. Él, así como Carlos, encontró en el mundo musulmán la razón de su conversión. Tanto en su infancia en Argelia, como en su servicio militar durante la Guerra de Independencia, Chergé se impactó con la coherencia espiritual del Islam, sentimiento potencializado cuando un musulmán ofreció su propia vida en salvación a la suya. El desierto lo cambió. Él se convirtió en un monje viviendo la soledad con los árabes, llamándolos hermanos. El lugar era Tibhirine.

Tamanrasset e Tibhirine: a continuidade de uma mesma vocação


Os Beatos Monges de Tibhirine são os sucessores espirituais do Beato Carlos de Foucauld. Existe, entre os trapistas e o ermitão, uma conexão vocacional, geográfica e teológica. Talvez, o aspecto mais visível seja a imersão de ambos em meio ao contexto islâmico.  Tamanrasset e Médea, onde estavam o mosteiro e a ermida, se localizam em território argelino, em extremos opostos. Outro ponto interessante é pensar que o norte da África sempre foi uma região de grande efervescência da vida mística muçulmana. A santificação encontrada por cristãos em meio aos marabuts sufis, é um testemunho eloquente do espírito de oração dos berberes, árabes e tuaregues.

Carlos de Foucauld ingressou na Ordem Trapista, após a sua conversão, no dia 16 de janeiro de 1890, na Abadia de Nossa Senhora das Neves, na França. Este mosteiro havia sido fundado algumas décadas antes, por monges provenientes da Abadia de Aiguebelle. Ali, o então explorador e geógrafo, pensava encontrar a plenitude de sua vocação. Em sua viagem à Terra Santa, em 1888, ele contempla em Nazaré os fundamentos do seu chamado: a simplicidade radical de uma vida oculta. Carlos havia descoberto que na mais banal realidade ordinária, em sua rotina entediante, estava a verdadeira configuração ao mistério do Deus encarnado, oculto em sua humanidade em Nazaré.

A Ordem Trapista parecia, portanto, a concretização desses anseios. Logo após o seu ingresso, é enviado ao mais pobre dos mosteiros, como por ele solicitado. O Mosteiro de Nossa Senhora do Sagrado Coração, fora fundado em 1881, no povoado de Akbés, próximo à cidade de Alexandreta, atual Turquia, devido à possibilidade de expulsão dos monges da França, com o crescente anti-clericalismo institucional.  Em 1882, vinte e cinco monges estavam estabelecidos. Como parte dessas novas fundações, em 1843, a Abadia de Aiguebelle já havia aberto um primeiro mosteiro em território árabe, na cidade de Staouéli, no norte argelino. Em 1894, Dom Luís Gonzaga Martin, então Prior de Akbés, foi nomeado Abade de Staouéli, que se tornou a abadia-mãe do Mosteiro do Sagrado Coração. A Argélia se tornava o centro da Trapa no mundo muçulmano.

Após sete anos de vida trapista, Carlos de Foucauld, em carta enviada à Abadia de Staouéli, comunicava a sua saída da Ordem. Inicia-se o período mais emblemático de sua vida, que será marcado pela plenitude vocacional em seu ocultamento no deserto do Saara argelino, junto aos tuaregues. Carlos, assassinado em 1916, provavelmente soube que um ano antes, em 1915, o Mosteiro de Akbés havia sido completamente abandonado. Os monges já viviam sob uma constante atmosfera de ameaça por parte dos oficiais turcos. Com o Genocídio Armênio, a situação se tornou insustentável. De igual forma, em 1904, a Abadia de Staouéli, em território argelino, também fora abandonada, devido às leis francesas que cerceavam a manutenção de mosteiros. Foucauld, antes do seu assassinato, provavelmente se entristecia diante da total destruição da vida monástica trapista no mundo árabe-muçulmano. Tanto Akbés, onde morou por anos, como Staouéli, onde habitou durante um mês de retiro, já não existiam. 

Na década de 30, entretanto, houve um segundo esforço de refundação da Trapa em território argelino. Monges originários da Eslovênia e da França foram enviados para Argel. Devido à dificuldade de cultivo em Staouéli, o novo mosteiro, herdeiro da primeira Abadia, seria estabelecido, em 1935, num povoado da cidade de Médea, sob as montanhas do Atlas. Ali, finalmente, floresceria a mais conhecida comunidade monástica trapista da era moderna. Staouéli agora era Tibhirine. Essa pequena construção, que de tão pobre e por tão pouca estrutura, havia deixado de ser uma Abadia, voltando ao status de um Priorado dependente de Aiguebelle, encarnou em sua rotina um carisma trapista muito similar aos anseios de Foucauld. O Irmão Carlos, quando levava a sua vida oculta em Nazaré, junto às monjas clarissas, intuía que a melhor forma de apresentar o Cristianismo ao mundo muçulmano era através da fundação de Trapas, "centros de luz e virtudes", como ele o disse. Naqueles muros, os monges, integrados à realidade cultural, moviam essa vida fraternal em total união com os muçulmanos. O Mosteiro não era apenas mais um lugar de oração, mas uma ponte de encontro com Deus em sua manifestação amorosa neste outro. Tibhirine havia se transformado em Tamaransset.

Carlos de Foucauld, como um jovem oficial militar liderando uma missão no deserto profundo do Marrocos, foi ajudado por um membro da tribo tuaregue. O mundo muçulmano causou uma profunda impressão no então explorador. Pela primeira vez, Carlos conheceu um ser humano cuja vida fora transformada pela oração, pela compaixão e pelo deserto. Esse encontro foi um divisor de águas. Ele bebeu profundamente do poço de suas próprias frustrações internas, sua insatisfação com a vida, seu fracasso em encontrar o amor, sua desilusão com o empreendimento colonial francês e, acima de tudo, sua profunda solidão interior. O deserto o mudou. Ele se tornou um monge vivendo a solidão com os tuaregues, chamando-os de irmãos. O lugar era Tamanrasset.

Christian de Chergé, um monge trapista cuja vida se assemelha à de Carlos de Foucauld, passou a maior parte de sua existência no Mosteiro de Nossa Senhora do Atlas. Em 1996, ele foi morto pela milícia islâmica, o GIA (Groupe Islamiste Armé), um grupo terrorista em conflito com o governo argelino. Ele, assim como Carlos, encontrou no mundo muçulmano a razão da sua conversão. Tanto em sua infância na Argélia, como em seu serviço militar durante a Guerra de Independência, Chergé se impactou com a coerência espiritual do Islã, sentimento potencializado quando um muçulmano ofereceu a própria vida em salvação a sua. O deserto o mudou. Ele se tornou um monge vivendo a solidão com os árabes, chamando-os de irmãos. O lugar era Tibhirine

quinta-feira, 13 de dezembro de 2018

A “badaliya” como mistério islamo-cristão


O pensador Louis Massignon (1883 – 1962) é conhecido como o pai da islamologia católica, dando início a um processo de estudo e reflexão islâmica numa cadeia formada por grandes intelectuais. Louis Gardet, Jean Mohamed Ben Abdeljlil, George Anawati, Serge de Beaurecueil, Christian de Chergé, estão entre os seus discípulos diretos e indiretos. Massignon é a força teórica que fundamentou, por exemplo, as fundações do Instituto Dominicano de Estudos Orientais (IDEO) no Cairo, e do Pontifício Instituto de Estudos Árabes e Islâmicos (PISAI).  A sua monumental obra sempre esteve acompanhada de uma capacidade singular de discipulado intelectual, fazendo de Massignon o ponto de partida para a islamologia.

Massignon também abriu as portas da reflexão para o posicionamento da Igreja sobre o Islamismo. Anawati, Gardet e Abdeljilil participaram como consultores do Secretariado para os Não-Cristãos, criado com o Concílio Vaticano II. Ainda na época das discussões conciliares, o IDEO foi chamado a colaborar com aportações sobre o mundo islâmico. Anawati, que em sua tese doutoral teve a Massignon na banca avaliadora, impartiu uma conferência sobre o assunto, com uma prestigiada plateia formada por teólogos e Cardeais. As suas reflexões e questionamentos sobre o mistério do Islã e os problemas que ele suscita para a consciência cristã, influenciaram a redação da declaração "Nostra Aetate".

Entretanto, o legado mais esquecido de Louis Massignon talvez seja o de maior relevância. Por detrás de um homem preocupado com conjecturas teóricas, havia um católico, convertido em terras orientais, com um coração orante. Todos os seus pupilos intelectuais, também seguiram a sua trilha espiritual, centrada em duas experiências muito profundas. A hospitalidade e, principalmente, a “badaliya”, uma palavra árabe que significa o substituto de outro. É um termo espiritual que está, para Massignon, no coração da experiência da fé cristã, conectando-se ao mistério da imagem de Deus, no Verbo encarnado que se sacrifica, em substituição, por toda a humanidade. Assim, ser um seguidor de Cristo é oferecer-se por amor ao bem-estar dos outros.

Massignon, na igreja franciscana abandonada de Damietta, no Egito, onde São Francisco de Assis se encontrou com o sultão al-Malik al-Kamil, em 1219, promete um “voto de substituição”, oferecendo sua vida aos muçulmanos. Massignon havia recusado o convite do Beato Charles de Foucauld para unir-se a ele em Tamanrasset, no deserto do Saara, em 1914, escolhendo a vida matrimonial. Agora, 20 anos depois, em 1934, seguindo os passos do próprio eremita, Massignon se consagra numa vida silenciosa, para que a vontade de Deus seja realizada nos muçulmanos e através dos muçulmanos. Para ele, esse sacrifício do ego por um irmão no Islã foi o ideal de toda a sua vida. Depois de redescobrir sua fé cristã no Oriente Médio durante uma viagem de estudos a Bagdá, o renomado orientalista inspirou, em 1947, uma associação internacional de oração, que ele dirigiu incessantemente até sua morte.

A “badaliya” se conecta com a noção da hospitalidade, um dos deveres mais arraigados do Islã. Para Massignon, essa dinâmica funcionava com uma lente através da qual ele via a totalidade do relacionamento de Deus conosco e nosso relacionamento com o outro. Receber o outro como ele é, em sua estranheza e mistério, aceitá-lo e compartilhar com ele e, ao mesmo tempo, ser recebido - nisso consiste a Lei e os Profetas e o “Fiat”, a aceitação graciosa da Palavra Encarnada da Virgem Maria – era a comunhão dialógica que apontava para o puro mistério de Deus.

Os discípulos intelectuais de Massignon não apenas herdaram a sua relevância no mundo teórico, mas encarnaram em suas próprias vida a vocação espiritual da “badaliya”, cada um ao seu modo. Talvez, o mais destacado dentre eles, seja Christian de Chergé, Prior do Mosteiro de Nossa Senhora do Atlas, de recente beatificação. De Chergé e Massignon experimentaram, em suas vidas, duas “substituições” que seriam fundamentais para a conversão de ambos. Os dois foram salvos por muçulmanos. Massignon, capturado como suposto espião pelos turcos, apenas foi liberado graças à intercessão dos seus anfitriões. Chergé, quando servia na Argélia como militar, também foi salvo quando o seu amigo, Mohammed, intercedeu por ele quando foi ameaçado numa emboscada. Entretanto, diferentemente do caso de Massignon, quem o salvou pagou com o sangue, sendo assassinado um dia depois. Isso chocou a De Chergé e foi o vetor da sua conversão.

Já como Prior do Mosteiro, defendia que a sua comunidade monástica deveria encarnar uma “hospitalidade radical”, numa verdadeira comunhão com os vizinhos muçulmanos. O Beato Christian, assim como Foucauld, comemorava com maior ênfase a festa da Visitação da Virgem Maria, quando ela, grávida, foi à casa de sua prima, Santa Isabel. Chergé interpretava nesse evento as notas mais profundas da hospitalidade enquanto experiência de encontro e enxergava paralelos com a própria peregrinação à cidade sagrada de Meca. Das necessidades apostólicas do Mosteiro, surge o “Ribat al-Salam”, um grupo de oração e reflexão, inicialmente frequentado por religiosos católicos na Argélia, mas que também passa a receber místicos sufis da tariqa Alawiyya. De Chergé, entretanto, abraçará em sua vida e morte a coerência com aquilo que carregava em seu coração. A decisão comunitária em continuar na Argélia, apesar de todas as intempéries causadas pelo fundamentalismo, durante a guerra civil na década de 90, foi tomada em base a essa “badaliya”, em comunhão com os argelinos tão vítimas do terrorismo como eles, os monges de Tibhirine, seriam.