terça-feira, 13 de fevereiro de 2018

Los Imanes Infalibles como sucesores del Profeta: la mística esotérica chiita

El Islamismo místico, especialmente Xiita (Ismaelita y Duodecimano), puede dividirse en dos grandes esferas de percepción espiritual. Por un lado, existe la noción exotérica, es decir, el aspecto exterior y visible de la religión, y, por otro lado, el sustrato esotérico, secreto, profundo. Lo que diferencia la experiencia mística chiita de sus variantes sunitas es que el Chiismo, por su relación intrínseca con la idea del imamato sagrado, estuvo todo el tiempo fundado sobre una base reflexiva de gran valor.

Hay una marcada diferencia entre el proceso de consolidación del Cristianismo y del Islam. La fe cristiana, en su dinámica de institucionalización, tomó una conciencia histórica de su papel, hasta como reflejo de su naturaleza concreta, centrada en el acontecimiento de la encarnación y nacimiento de Jesucristo. Estos acontecimientos tienen un significado histórico y dan un carácter sólido al cristianismo. El proceso de institucionalización lleva consigo, orgánicamente, un cierto control interpretativo. La existencia de un Magisterio visible hace de la mística un nivel espiritual si no sospechoso al menos controlado. Este proceso llevó, en la evolución cristiana, a la consolidación de la visión alegórica dentro de su hermenéutica oficial. Esto también se nota en la forma en que los movimientos espirituales siempre estuvieron al margen de la estructura oficial y, en algunos casos, fuera de los límites de la ortodoxia.

El Islam, como coloca Henry Corbin, tiene un carácter meta-histórico, trans-histórico. El Islam no vivió un proceso de consolidación histórica como el Cristianismo y su crecimiento no reflejó en la construcción de una autoridad magisterial. En cierto sentido, el único paralelo posible sería con la concepción chiita del Imamato. El Imán sagrado cargaba la función carismática de revelar el contenido hermenéutico de la revelación divina. En este sentido, el Chiismo parte de un cierto realismo fenomenológico, ya que admite que, a pesar del desenlace de la profecía con Muhammad, la reciente comunidad islámica aún no tenía la sabiduría, humana y espiritual, para bien comprender los versos coránicos. Quiso Dios, aún en la cosmovisión chiita, la perpetuación de ese carisma espiritual en la vida de los imanes, con la misión y atribución de revelar a este contenido oculto.

Los Imanes invertidos por el "ta'lim" - su función iniciática - cumplieron un cargo fundamental, hasta la desaparición del 12º. Ellos completaron el papel de educadores del sentido esotérico de la revelación divina. La profetología se transformó en imamología. Se debe decir, entonces, que el más antiguo comentario espiritual sobre el Corán consiste en las enseñanzas que los imanes chiíes hicieron y dejaron a sus discípulos. Estos principios de hermenéutica espiritual fueron posteriormente reunidos por diversos maestros sufíes fundadores de tariqas. El sufismo y el chiismo comparten una misma cosmovisión, en la medida en que ambos van más allá de la interpretación puramente jurídica de la shari'ah y se basan en la profundización espiritual del sentido esotérico

En cuanto a la cosmovisión chiita, con la conclusión del ciclo profético, se inicia un nuevo ciclo, el de la "walayah" (amistad con Dios), que terminará con el retorno del Imán oculto. La filosofía profética es esencialmente escatológica. El impulso principal del pensamiento chií puede ser designado como, primero, el aspecto "batin" o esotérico, y, segundo, el "walayah". El "batin" está asociado con la noción de la religión espiritual, de la "haqiqah", es decir, el significado profundo de la revelación divina, su esencia. El "batin" es el opuesto del "zahir", o sea, el aspecto exotérico, visible, literal y legal. En las palabras del 6 ° Imam Ja'far al-Sadiq:
El Libro de Dios comprende cuatro cosas: la declaración establecida (ibarah), el significado implícito (isha'rab), los significados ocultos, relacionados al mundo supra-sensible (lata'if) y las doctrinas espirituales exaltadas (haqa 'iq) (...) La declaración literal es para los creyentes comunes ('awamm). El significado implícito es la preocupación de la élite (khawass). Los significados ocultos pertenecen a los Amigos de Dios (awliya). Las doctrinas espirituales exaltadas son la provincia de los profetas (anbiya').
Que a su vez se conecta con la tradición iniciada por Imán Ali:
No existe un verso del Corán que no posea cuatro tipos de significados: exotérico (zahir), esotérico (batin), límite (hadd), plan divino (muttala). El exotérico es para la recitación oral, el esotérico es para la comprensión, el límite consiste en las declaraciones sobre lo que está permitido y lo que está prohibido, el plan divino es lo que Dios pretende realizar dentro del hombre por medio de cada verso.
Y que, por fin, se origina en las enseñanzas del propio Profeta Muhammad:
El Corán tiene una apariencia externa y una profundidad oculta, un significado exotérico y un significado esotérico. Este significado esotérico, a su vez, esconde a otro significado esotérico, por lo que sigue con siete significados esotéricos (siete profundidades de profundidad ocultas)
A partir de estos dos sustratos es posible hacer la segunda relación: el "zahir" está para la "sharia" así como el "batin" está para la "haqiqah". Ambas nociones se relacionan con otros dos conceptos: "tan'zil" y "ta'wil". "Tan'zil" es la religión positiva, la letra de la Revelación y el proceso de descenso del contenido revelado. Ya "ta'wil" es la dinámica inversa, el retorno al origen, el proceso de reconexión a la inspiración primera del texto escrito. En toda esta construcción conceptual, "zahir-sharia-tan'zil" y "batin-haqiqah-ta'wil", está la figura del Imán sagrado y su función exegética de abrir lo exotérico al esotérico.

Esta herencia espiritual es representada por el vasto corpus que contiene las enseñanzas tradicionales de los imanes chiitas, los "herederos" de los profetas. Cuando los chiitas, como los sunitas, usan la palabra "sunnah" (tradición), se entiende que para ellos esta "sunnah" engloba todo lo que fue enseñado por los imanes. Cada uno de ellos era el "qayyim al-Quran" (Guardián del Libro), explicando y transmitiendo a sus seguidores el significado oculto de la Revelación. Estas instrucciones forman el corazón del esoterismo islámico. En la dualidad entre lo visible y lo invisible, entre lo literal y lo espiritual, se construye la conexión entre el protetismo y el imamato y como el carisma hermenéutico fue heredado y transtimido por Imán Ali y sus sucesores.

Muhammad, como Sello de los profetas (khatir al-anbiya), termina el clico profético y transmite una nueva y definitiva "sharia", en continuidad con aquella también enseñada por Adán, Noé, Abraham, Moisés y Jesús. Sin embargo, dentro de la perspectiva chiita, la fase final de la profecía (nubuwah) fue la fase inicial de un nuevo ciclo, el ciclo de la "walayah", es decir, el carisma del imamato. Así, se puede hablar en proceso de transformación y seguimiento de la profetología en imamología. Los amigos de Dios (awliya 'Allah) forman, por lo tanto, esta elite de la humanidad a quien los secretos divinos son revelados a través de la inspiración de Dios mismo. Como guías espirituales, se transforman en puentes de comunión con la experiencia trascendente, en la medida en que sus seguidores participan de su "amistad" con lo divino. Aquí se nota el aspecto iniciático del imamato chiita y cómo los imanes se transformaron en instrumentos efectivos de las enseñanzas esotéricas del Corán, transmisores tanto del conocimiento (ma'rifah), como del amor (mahabbah) - un conocimiento que, por su naturaleza, es un conocimiento salvador.

El ciclo de la "Walayah" es, por lo tanto, el ciclo del Imán que sucede al Profeta, o, completando la dualidad ya planteada anteriormente, del "batin" sucediendo al "zahir", de la "haqiqah" sucediendo a la "shari'ah". En realidad, sería más apropiado hablar de la simultaneidad de la "shari'ah" y "haqiqah" en lugar de su sucesión, para evitar ideas heterodoxas. Esta tenue relación incluso se transformó en un profundo cisma dentro del Chiismo. Aquellos que entendían el aspecto "esotérico" como independiente de su realidad "exotérica" ​​-el ismaelismo y sus ramificaciones- al final colocaron el imamato sobre el profetismo. Lo que se puede notar en el culto a Imán Ali como superior al Profeta Muhammad entre los alauítas, por ejemplo.

El conocimiento (irfan) místico del texto coránico, como entendido por el chiismo y como colocado dentro de la misión del imamato, es un esfuerzo casi ascético de conectarse con la fuente eterna de la que emana aquel contenido revelado. O, utilizando dos conceptos ya presentados, es el proceso de conversión del "tan'zil" en "ta'wil". La visión chiita siempre fue duramente crítica de un cierto "historicismo" hermenéutico, de carácter reduccionista. En esta filosofía irfánica, se entiende que la plena comprensión de la "haqiqah" del Corán surge en la medida en que el creyente se acerca al Logos, es decir, de la Palabra Divina (Kalam al-Haqq), origen indivisible y fin de la eternidad.

Sin embargo, vale destacar que esta división entre las realidades exotéricas y esotéricas son puramente conceptuales, ya que el Islam rechaza cualquier tipo de dualidad. La fe islámica se fundamenta radicalmente en la noción de "tawhid" (unidad divina), que es una certeza de la realidad querida por Dios, en su total diversidad existencial y antropológica. Incluso, todo el proceso de ascensión mística y ascendente nace de este reconocimiento que lo visible apunta hacia lo invisible, sea a través de la elavación espiritual como a través del ensimismamiento. La unidad de Dios refleja en la unidad identitaria del hombre, como mente, alma y cuerpo, en la que el alma, mientras peregrina en la tierra, busca su reconexión con su Creador.

Sólo partiendo de la unidad entre lo concreto y lo espiritual, entre el "batin" y el "zahir", entre el Imán y el Profeta, es posible comprender la función carismática de la "walayah" dentro de la lógica divina de Revelación y comprensión del mensaje. El Imán actúa en la condición de intermediario e intercesor entre el creyente y Dios, en la búsqueda de este conocimiento liberador. La luz del imamato no es propia, pero es la luz muhammadiana, aquella teofanía primordial y arquetipo para la cadena sucesoria de guías infalibles. Los imamenes, por lo tanto, como herederos y receptáculos de esta esencia (haqiqah) dejada por Muhammad, se transmiten unos a otros, como vasos sagrados, la luz otra, hasta la plenitud del conocimiento del contenido Revelado, en la ocultación del último Imán. 

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